martes, 13 de enero de 2009

Reflexiones de principios de año

Ya han pasado las Navidades y me he tomado un pequeño respiro, no sólo profesional sino también del blog, que falta me hacía ;).
El caso es que la vuelta a las clases me ha traído como sorpresa un ambiente muuuy relajado con los alumnos, incluso los cursos más "moviditos" han vuelto de vacaciones en silencio y trabajadores. Lo de trabajadores, me encanta, lo de "en silencio", hasta cierto punto...no puedo evitar verles "amuermados" y todavía queda más de la mitad del curso...algo habrá que hacer al respecto.
Esta tarde mientras preparaba las clases he estado reflexionando acerca del currículo de nuestra asignatura: comunicación, tipología textual, ortografía, gramática (morfología y sintaxis), teoría literaria, historia de la literatura...en cierta forma, me parece que damos todo y nada. Tanta variedad hace que el profesor se tenga que volver loco para cuadrar las horas, aunque seleccione contenidos, se le siguen desbordando. Al final tenemos que dar lo básico de cada tema; resultado: no se profundiza en nada, no se aprende nada. Todo pasa tan rápido como se da. ¿De qué me sirve tener toda la ortografía recogida en el curriculo de un curso si tengo apenas un día de cada quince para trabajarla?
Cuando pienso en mi época de estudiante, recuerdo que la asignatura de Lengua era sólamente gramática (morfología y sintaxis) y algo de ortografía. Otra asignatura era Literatura, que era sólo "Historia de la literatura". No todo el tiempo pasado fue mejor; cuando preparo las clases, me alegra comprobar que trabajamos con textos actuales, que la gramática deja paso al estudio de los textos y a la producción oral y escrita de los alumnos; es decir, a la finalidad comunicativa de la lengua, que es lo necesario.
Y otra cosa es la literatura; no sólo está dentro de la misma asignatura de lengua sino que además se me pide que de historia de la literatura, lectura de textos de la época y algo así como "animación a la lectura" a partir de las lecturas optativas, seleccionadas para animar a la lectura, no para ver, de manera práctica y coherente, el periodo histórico que se estudia.
Pero si en una misma asignatura, en cuatro horas semanales, tengo que dar cuarenta tipos de contenidos diferentes, no me sirve de nada, los alumnos no lo interiorizan.
Y no sé si os pasa a vosotros, pero yo me agobio sobremanera...porque otra consecuencia es el tremendo trabajo que nos toca a los profesores de lengua, a quienes se nos pide que los alumnos sean periodistas, escritores, gramáticos, lectores...y al final, se quedan en nada.
La revisión del currículo de nuestra asignatura era necesario. Pero revisión no significa acumulación.
En fin, en esas estamos.

2 comentarios:

Joselu dijo...

Comparto contigo la sensación de agobio que siento en mi profesión en muchos puntos. Me alegro que tus alumnos hayan vuelto más calmados. Espero que no lo pases muy mal. Realmente tenemos una profesión muy difícil y quien no la vive por dentro es difícil que se haga idea. Un abrazo, y siento haberte tardado en contestarte.

Un profe cualquiera... dijo...

Hola, Caperucita, me he estado paseando un rato por tu casa y me parece muy acogedora, volveré por aquí, si no tienes inconveniente.
Saludos