
Reconozco que soy un culo inquieto, un desastre para la organización, un empezar y dejar cosas a medio, un ama de casa desordenada, que a veces estoy en perpetuo aburrimiento y que a veces no sé ni qué me pasa. Una buena amiga, aficionada ella a la astrología, me dice que vivo mi retorno de Saturno (¿!?) y que entre los 27 y los 29 años a todos nos pasa algo que nos hace madurar de golpe.
Y a mí me hace falta una buena inyección de madurez, según me dice mi cara de niña cuando me miro al espejo.
Pero como siempre he tenido un sexto sentido para todo (para todo lo que me ocurra a mí, claro está) ya estoy oyendo la tormenta acercarse a lo lejos.
(Inciso: para los que visitáis mi blog de “profe”, ahora me podéis leer aquí. Soy la misma, pero sin la caperuza. Éste se queda para textos narcisistas sin sentido y, posiblemente, empiece a publicar mis particulares “ejercicios de estilo”, que ya van cogiendo polvo).


