sábado 3 de marzo de 2012

El mejor empeño

Pensé arrojar tu fotografía,

tu idolatrada fotografía,

al jardín, para que rodase

perdida en el mayor

anonimato, tal vez pisada

por algún niño risueño

u orinada por el perro

del vecino.

Luego consideré que ese gesto

perpetuaba en su trazado

imaginario un destino

demasiado singular

para tu imagen adorada.

Preferí dejarla intacta

en mi cartera

y esperar a que ese día

llegue, en que al mirarte,

no te vea.


Vicente Cervera, La partitura, 2001.




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domingo 19 de febrero de 2012

Eternidad

Domenico Ghirlandaio, Retrato de Giovanna Tournabonni (1490)


¿Qué hubieras pensado

al verte hoy,

siglos después de aquella tarde

en la que posaras para el pintor?

Creíste poder sobrevivir

al tiempo y a la muerte.

Y quizás lo habrías hecho

si hubieras elegido el momento en el que,

con él entre tus piernas,

gemías de placer,

o aquel otro día que,

a pesar de lo que tantas veces te habías prometido,

la renuncia,

la ataraxia,

todavía llorabas con el corazón roto del viejo dolor

que se te clava en el estómago.

(Sabes muy bien

que el amor siempre se acaba clavando en el estómago).

Ahora, sin embargo, estás aquí,

con el perfil cuidadosamente estudiado,

la mirada serena y confiada,

la sonrisa justa en el rostro.

Nada hay que deje entrever

el gemido o la lágrima.

Triunfó tu virtud.

La belleza sin vida ha sido tu eternidad.


sábado 18 de febrero de 2012

Aquel olor a carne de gallina

Pasa el olvido lento y crece
la tarde
sobre el asfalto triste de noviembre
como una flor cansada.
No llueve ya desde hace tanto...
Son jóvenes y aún tienen
todo ese tiempo inmenso por delante
que es la vida
para elegir un banco donde amarse,
mientras noviembre cede al calendario
y otras aves
andan buscando el sol de otros veranos.
Son jóvenes y aún tienen
esa bella ignorancia en las pupilas
mirando al sol,
igual que girasoles trastornados...
Yo ya no puedo seguir buscándome en sus ojos;
yo ya pasé ese otoño:
sus piernas como barcas,
sus brazos de un remar tan claro,
sus dedos sin agobios...
Vendrán otros otoños pero nunca
tendrán aquel olor de nuevo
a callejón oscuro,
aquel olor a carne de gallina.

Natxo Vidal , de su poemario Atrás no es ningún sitio
(venga, las risicas...)

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jueves 2 de febrero de 2012

Wislawa Szymborska (2/6/1926 - 1/2/2012)

DEL MONTÓN

Soy la que soy,
casualidad inconcebible
como todas las casualidades.
Otros antepasados
podrían haber sido los míos
y yo habría abandonado
otro nido,
o me habría arrastrado cubierta de escamas
de debajo de algún árbol.
En el vestuario de la naturaleza
hay muchos trajes.
Traje de araña, de gaviota, de ratón de monte.
Cada uno, como hecho a medida,
se lleva dócilmente
hasta que se hace tiras.
Yo tampoco he elegido,
pero no me quejo.
Pude haber sido alguien
mucho menos personal.
Parte de un banco de peces, de un hormiguero, de un enjambre,
partícula del paisaje sacudido por el viento.
Alguien mucho menos feliz
criado para un abrigo de pieles
o para una mesa navideña,
algo que se mueve bajo un cristal de microscopio.
Árbol clavado en la tierra,
al que se aproxima un incendio.
Hierba arrollada
por el correr de incomprensibles sucesos.
Un tipo de mala estrella
que para algunos brilla.
¿Y si despertara miedo en la gente,
o solo asco,
o sólo compasión?
¿Y si hubiera nacido no en la tribu debida
y se cerraran ante mí los caminos?
El destino hasta ahora ,
ha sido benévolo conmigo.
Pudo no haberme sido dado
recordar buenos momentos.
Se me pudo haber privado
de la tendencia a comparar.
Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera,
lo que habría significado
ser alguien totalmente diferente.
***

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sábado 28 de enero de 2012

Caperucitazul has coming soon

Mientras tanto, a deleitarse...

miércoles 13 de abril de 2011

Centenario de Ciorán

Hoy me entero que hace unos días fue el centenario de É. M. Ciorán, el pesimista irredento (o "el lúcido" como se define en uno de sus Silogismos de amargura).

No me gusta especialmente Ciorán, pero hay un fragmento de Breviario de podredumbre que me acompañó durante mucho tiempo como un estandarte. Quizás es su fragmento más optimista (si es que se le puede poner ese adjetivo al escritor).

Con el tiempo, he dejado de tener sentimientos tan intensos: rara vez me siento muy feliz o muy triste; si acaso, es más común lo primero que lo segundo. Vaya, quizás no sea la pesimista que siempre he creído (aunque la visión del mundo que me acompaña sea siempre oscura). Dicen por ahí que la edad es que la estabiliza las emociones; yo no llego a los treinta y me acabo de percatar de que hace tiempo que paso al lado de las exaltaciones de melancolía y no me rozan demasiado. Quizás las eche de menos.

En el centenario de Ciorán -con algo de retraso- éste es el fragmento que me sirve de homenaje, no a él, sino a una etapa de mi vida.

Me seducen las distancias lejanas, el inmenso vacío que proyecto sobre el mundo. Crece en mí una sensación de vaciedad; se infiltra en mi cuerpo como un fluido ligero e impalpable. En su avance, como una dilación hasta el infinito, siento la presencia misteriosa de los sentimientos más contradictorios que ha acogido jamás el alma humana. Soy feliz e infeliz a la vez. Estoy exaltado y deprimido, desbordado por el placer y la desesperación en la más contradictoria de las armonías. Estoy tan alegre y tan triste que en mis lágrimas se reflejan el cielo y la tierra al mismo tiempo. Aunque sea solamente por la alegría de mi tristeza, querría que no hubiera más muerte en esta Tierra.

De Breviario de podredumbre.

lunes 11 de abril de 2011

Lectura

Llevo treinta años lamentándome por no haber leído lo suficiente. Y leyendo, claro. Y contrarrestando mi complejo de lector insuficiente con dosis inteligentes de esperanza: "ya leeré eso, ya". Pero llega un momento en que la autopromesa va sonando hueca, y más bien parece un autoengaño, y hay que darse cuenta también de que es posible que muchos libros maravillosos se queden finalmente sin leer, y hay que equilibrar esa esperanza en la lectura con el sentido común y la conciencia de la pérdida. Y qué me decís de las personas que no leímos en su momento y ya no están por aquí, qué lista más larga aunque uno sólo tenga treinta. Y por delante no se ve nada. Fíjate en todas esas personas convirtiéndose en fantasmas, sus perfiles difusos, como tú.

(J. D.)