miércoles, 15 de diciembre de 2010

Sesión imaginaria

Imaginemos la siguiente sesión de evaluación: 1ºde ESO. Un grupo formado por:

-Tres alumnos muy buenos.
-Un alumno brillante intelectualmente aunque no tanto académicamente porque en su tiempo libre se dedica a leer LITERATURA (Tolkien, Bram Stocker, Stevenson, Delibes...). Por supuesto, se aburre tremendamente en las clases.
-Cuatro normales (de los del cinco o seis y alguna suspensa)
-Ocho vagos
-Dos con problemas de lecto-escritura muy graves.
-Dos de compensatoria.

Para la junta de evaluación, este grupo es un desastre. Se analiza su expediente del colegio: ninguno de los diez alumnos que han suspendido más de 4 (ahora después hablaremos de lso compensatorios) repitió en el colegio. En concreto, una de estas alumnas estuvo a punto de hacerlo pero se decidió que no era conveniente porque a su hermano mayor le habían hecho repetir y había sufrido un gran trauma.

Pero en esta sesión de evaluación ya estaban acordadas las medidas a adoptar entre el tutor y jefatura: el grupo es tan flojo que lo conveniente es actuar como si fuera un grupo de Refuerzo Curricular en todas las asignaturas, de manera extraoficial. Nadie dice nada; nadie se cuestiona que los alumnos deban repetir si la situación sigue igual en junio; nadie pregunta por los ocho alumnos excelentes del grupo, nadie exige nada para ellos: no tienen derechos.
En cuanto a los de compensatoria: nunca han repetido. Vienen diagnosticados así del colegio aunque se sospecha que no cumplen las condiciones para estar ahí (se insinúa que su problema es similar a los anteriores: son vagos). Pero para esos no hay problema: se les pone un 5 porque llevan una adaptación de primaria. A pesar de que se lee la nueva normativa: los compensatorios titulan y pasan de curso; es decir, dentro de dos años, estarán en 3º de ESO y luego en 4º en un grupo normal aunque hayan pasado 1º y 2º con una adaptación de 3º de primaria en todas las asignaturas.

Finalmente, jefatura avisa al profesorado: antes de marcharse de vacaciones, se debe entregar un informe personalizado con el número de aprobados y suspensos por curso. Podemos imaginar que se llamará a despachos al que decida romper la estadística.

2 comentarios:

Joselu dijo...

Cada grupo es un galimatías como el que señalas y no es fácil saber qué hacer. Todo se puede curar menos la pereza, la falta de hábitos, la desidia, el abandono... y ahí estamos para nosotros recogerles, llevarles a grupos adaptados premiándoles su inercia negativa. Pero no sé, Caperucita azul, qué cabría hacer. El desastre es tan mayúsculo que ignoro por dónde cortar por lo sano, si es que esto es posible. Hay tantos factores a tener en cuenta que desconcierta al observador. Enseñanza privada versus pública, cultura del no esfuerzo difundida por todos los canales, adaptabilidad del sistema a cualquier idiosincrasia para prevenir y vacunar contra el fracaso, rendición de los profesores que ya no saben qué hacer, padres tolerantes, tecnología por todas partes llena de aplicaciones atractivas que rompen la concentración... El resultado es el que describes. En todos los sitios hay ejemplos similares o peores. Suerte de tener un alumno lector. Eso sí que es una rara avis a proteger. Saludos.

Antonio dijo...

Alguna vez lo he comentado, creo que en el blog de Joselu: La perversidad de los políticos consiste en defender la democracia de bajo nivel para el populacho mientras ellos se reservan el camino a la excelencia. Estoy harto de reclamar adaptaciones para los alumnos de altas capacidades, pero todos los recursos se dedican a la compensatoria (bueno, ahora ni eso). La Escuela Pública va a seguir el modelo de nuestros queridos amigos norteamericanos, un servicio de asistencia social al margen de la educación de calidad.