miércoles, 22 de septiembre de 2010

Cosas del día a día

Hace años, cuando la enseñanza de la Literatura en en Instituto todavía se merecía llevar tal nombre, los estudiantes de BUP leíamos -con pesadez, aburridos, como todos los adolescentes- a los clásicos de nuestra literatura. Algunos -pocos- decidimos ir a la Universidad para ampliar nuestros horizontes literarios y estudiar Filología. Imaginábamos la Facultad de Letras como un lugar idílico, repleto de sabiduría y de Literatura; allí, por fin, podríamos convertirnos en expertos filólogos. Poco duró nuestra emoción al comprobar las insulsas aulas universitarias, la mediocridad de sus profesores -salvo algunas excepciones-; nos enfadábamos cuando el catedrático de turno nos obligaba a leer su edición de algún clásico o, peor aún, nos hacía -bajo amenaza de suspenso- estudiarnos la obra narrativa de su amigo o su manual de gramática. Descubrimos entonces la mediocridad de una universidad provinciana y los pocos que no quisimos conformarnos con la estrechez de sus paredes, tuvimos que buscarnos la vida por nuestra cuenta.
Pero estas cosas sólo pasaban en la Universidad; en el instituto se leía -sin mediación de ningún "especialista" en el tema- a los grandes, con la dificultad que entrañaba trabajar estas obras con los alumnos.
Pronto, sin embargo, llegaron las modas juveniles, los planes de motivación y de lectura y la necesidad de leer autores regionales; con ellos, se sumaron al carro escritores de medio pelo que de pronto veían leídas sus obras por numerosos adolescentes. Y entonces, a algún profesor se le ocurrió que a sus estudiantes seguramente les interesaba más leer sus cuentos y sus novelas que a Lope de Vega y el negocio estuvo servido. Pero los estudiantes son adolescentes, no tontos, y descubren -igual que nosotros lo hicimos en la facultad- que se les está tomando el pelo cuando tienen que leer obligatoriamente en la asignatura de Lengua de 1º de Bachillerato el libro que ha publicado uno de sus profesores. Y a una se le cae la cara de vergüenza cuando tiene que obligar, bajo amenaza de suspenso, el que lo hagan.

Hoy estoy muy cabreada.

7 comentarios:

Joselu dijo...

Te puedo asegurar, Caperucita, que los alumnos que tuve en BUP no consideraron la literatura aburrida. Tengo un recuerdo apasionante de aquellas clases que son irrepetibles puesto que todo ha cambiado, no sé en qué sentido.

En cuanto a las clases universitarias de Filología, he de decir que yo me motivaba a mí mismo. Tenía algunos buenos profesores, pero yo, ayudado por las anfetaminas que eran frecuentes en la época, profundizaba y profundizaba y llegaba hasta donde la universidad no me llevaba.

No guardo un recuerdo mediocre de la universidad ni de mi experiencia como profesor de BUP. En cuanto a mi formación académica en el antiquísimo bachillerato que yo estudié, decir que las lecturas no eran nuestro programa, que no se leía. La enseñanza del franquismo no hacía hincapié en los libros. Por eso pienso que el BUP en los tiempos de la democracia fue una joya inestimable.

Pero no lo lamento. Ahora me dirijo a jóvenes de otras concepciones y me gusta arriesgar con ellos, lo que no quiere decir que no me la pegue. Ya contaré.

caperucitazul dijo...

Joselu: hablo desde mi experiencia. Me parecía terrible tener que leer y comprar los libros que publicaban mis profesores de universidad cuando estos eran mediocres; o tener que leer alguna de sus novelas como "ejemplo de narrativa contemporánea" y perderme la lectura de algún verdadero Ejemplo con mayúsculas. Y ahora me encuentro con la misma realidad en el instituto; no sé si antes ocurría, pero no creo que a ningún antiguo profesor se le hubiera ocurrido cambiar el plan de estudios de La Celestina por leer el libro de su amigo, también profesor del instituto. Pues eso ocurre ahora, favorecido por esos planes de lectura que tenemos, que permiten estos disparates. Eso me ha ocurrido a mí y conozco, de primera mano, otros centros en los que también ocurre. Todo el mundo se suma al carro de escribir cuando se puede hacer negocio fácilmente con el mundo educativo. Repito la conclusión de mi post: Hoy estoy muy cabreada.
Un saludo.

Antonio dijo...

Los profesores son humanos con sus pasiones, vicios, virtudes y miserias. En la facultad, en los institutos en que he sido alumno, o en los que soy profesor, siempre he encontrado narcisistas, soberbios, mediocres e incompetentes al mando del cotarro. Hemos sorteado como hemos podido esa lacra y supongo que la generación que viene tendrá que sufrir sus propios 'aprovechados'. En todo caso, el caso que cuentas tiene toda la pinta de 'nepotismo académico', aunque estamos tan acostumbrados a todo tipo de tropelías que sólo nos indigna cuando nos cae cerca.
Un saludo y suerte.

Sr. Nadie dijo...

La enseñanza -y la literatura- no es el único terreno de la vida en el que existe un sesgo intencionado y mediocre... Y te hablo desde la experiencia. Por desgracia, ese dirigismo hacia lo interesado económica o publicitariamente lo encontramos en todas partes.

Fdo: Un periodista.

Sr. Nadie dijo...

La enseñanza -y la literatura- no es el único terreno de la vida en el que existe un sesgo intencionado y mediocre... Y te hablo desde la experiencia. Por desgracia, ese dirigismo hacia lo interesado económica o publicitariamente lo encontramos en todas partes.

Fdo: Un periodista.

Lu dijo...

¿En bachillerato no se lee a los clásicos? ¿No son las lecturas prescriptivas?
¿No puedes zafarte del compromiso alegando libertad de cátedra?

Vaya, no tienes bastante con el enfado que encima te planteo nuevos interrogantes. Es una situación engorrosa, la que describes.

...........
Mi experiencia como alumna de instituto y como estudiante de Filología no puede ser mejor. Tuve a los profesores que quise tener y disfruté de sus enseñanzas. Aprendí con Rosa Navarro, Victoria Cirlot, Joaquín Marco, Fernando Carratalá y el gran Martín de Riquer, entre otros.

caperucitazul dijo...

Sr. Nadie: qué me va a contar que no sepa...dura la profesión del periodista y más dura, si cabe, en estos tiempos que corren. Un abrazo.

Lu: mi experiencia en el instituto fue buena, no así en la universidad (aunque hubo de todo).
En cuanto al tema central del post...llegar a un sitio nuevo ya es difícil como para ponerse a discutir, aunque reconozco que no había pensado lo de la libertad de cátedra...Un abrazo y gracias por la visita